Manifestación histórica de Soria Ya y Teruel Existe en su lucha contra la despoblación

El llamamiento reúne a 100.000 personas según la organización y 50.000 para la Delegación del Gobierno

La lucha contra la despoblación y el olvido de buena parte del mundo rural escribió ayer una página histórica. La manifestación capitaneada por Soria Ya y Teruel Existe cumplió las expectativas más optimistas y tomó el centro de Madrid de forma pacífica pero firme. Nunca antes en democracia la España vaciada había gritado tan alto.

Para la organización, se sumaron «más de 100.000 personas»; para la Delegación del Gobierno en Madrid la cifra se quedó en unos ya de por sí meritorios 50.000 asistentes. La distancia entre Recoletos y la fuente de Neptuno quedó prácticamente cubierta y en todo caso el bloque soriano superó con creces las 15.000 personas movilizadas, tanto desde la provincia como desde la diáspora.

En el mensaje final no hubo cabida para los políticos pero sí para la política. De la manifestación salió la clara exigencia de un pacto de Estado para garantizar los derechos y servicios en las zonas menos pobladas más allá de quién y como gobierne. Un pacto, como resumió el manifiesto final, «para cumplirlo, no para enseñarlo». La exigencia está lanzada.

La multitudinaria cita no se tomó, de hecho, como una culminación. Tanto los organizadores como muchos participantes insistieron en que se trata de un inicio. Una vez comprobada la fuerza del movimiento de la Revuelta de la España Vaciada, la idea es que sirva para continuar con las reivindicaciones y los avances.

Detrás hubo meses de trabajo y ayer miles de sorianos respondieron. El aparcamiento del antiguo estadio de Los Pajaritos fue uno de los primeros epicentros. En torno a las 7.00 horas apenas una silueta con una mochila cruzaba el puente sobre la vía abandonada. Media hora después, ya se contaban por miles los sorianos que comprobaban qué vehículo les había tocado para trasladarse a Madrid.

Guardia Civil y Policía Local echaron un mano en la organización si bien todo discurrió con total normalidad. Goyo Sanz, uno de los padres de Soria Ya, aún se afanaba listado en mano en organizar uno de los minibuses. Son 18 años al pie del cañón rematados con lo que ocurriría unas horas después en el corazón de España.

Con un ligero margen respecto al horario establecido los autobuses fueron incorporándose a la A–15 mientras el aparcamiento del Cañuelo iba recibiendo a quienes habían apostado por acudir en tren. También lleno absoluto, claro está. Apenas había amanecido y Soria ya enfilaba una jornada llamada a recordarse durante años.

Sin mayores incidencias los autobuses llegaron al Retiro, a apenas 200 metros del punto de salida. Por las calles aledañas, desde Serrano a la de Alcalá, bajaban sorianos de la diáspora, los que se habían desplazado en vehículo particular o incluso los que habían aprovechado para trasladarse el sábado.

En cabeza se habían ubicado cuatro pancartas con mensajes genéricos, portadas por un representante de cada uno de los 97 colectivos adheridos. Después se iba ubicando lo gordo, con el bloque soriano a la cabeza seguido del turolense y, a partir de ahí, una unión de jienenses, abulenses, leoneses, palentinos, burgaleses (y arandinos), zamoranos, los hermanos vallisoletanos de A–11 Pasos, oscenses, asturianos, granadinos…

Tal fue la afluencia que la cabecera tuvo que adelantarse hasta en tres ocasiones para ir habilitando espacio por detrás antes de salir. La marea humana estaba cortando calles para las que no se tenía permiso y hubo que buscar el hueco ganando metros por delante.

Eran ya las 12.14 horas y el tráfico aún retenía algún autobús aragonés cuando se decidió dar el pistoletazo de salida. Primero, un minuto de silencio por la España vaciada. Después, los tambores y bombos del Bajo Aragón ejecutaron la Rompida, un ritual con el que se rasga «el silencio de todo un año», y en este caso de muchas décadas. Y entonces, cuando la comitiva inició el recorrido por Recoletos, comenzó a llover.

En los laterales del paseo hubo espectadores que se resguardaron, pero en el núcleo de la manifestación nada cambió. Eran muchos años de olvido y muchos kilómetros como para reblar. «Soria no se muere, vamos a luchar», coreó la cabecera aliñado con «España, escucha, Soria está en la lucha». Por detrás se sumaban otras consignas más genéricas como «sin inversión, hay despoblación» o «menos promesas y más obras hechas».

El pequeño dirigible que abría la cabecera tuvo que bajar a tierra mientras el chaparrón arreciaba. Las banderas seguían luciéndose con los brazos en alto de sus portadores.Los sorianos fueron quizás más numerosos que los turolenses. Eso sí, en el caso de los aragoneses optaron por la divisa de su Comunidad mientras los castellanos tiraron de las de Soria Ya.

En una hora, las decenas de miles de manifestantes se arremolinaban ya en torno a la estatua de Neptuno mientras uno tras otro se coreaban los nombres de todos los colectivos participantes. Con algunos todavía despidiéndose de la Cibeles, a casi medio kilómetro, Campo Vidal y la directora de RNE, Paloma Zuriaga, dieron voz a 23 provincias y un sentimiento. Hasta aquí, vaciados y callados.

«La España vaciada inicia su revuelta pacífica en Madrid», anunció Zuriaga. «Esa España desatendida, demasiado olvidada por los poderes públicos, está hoy aquí para dejar bien claro que pide atención a sus problemas y reclama soluciones urgentes, sin más retrasos y excusas», sentenciaron.

Campo Vidal expuso que «atender a la España rural, atender a la España vaciada es una cuestión de justicia. Es imprescindible para el equilibrio social, territorial y económico. Es también defensa del medio ambiente». No faltó una mención para la ‘zona cero de la despoblación’ porque «tristemente Soria, Cuenca y Teruel lideran la parte más despoblada de la Europa del sur», algo que no sólo atañe al mundo rural porque «sin pueblos no hay futuro, pero tampoco lo hay para las ciudades».

Desde el escenario se dejó claró que se trata de «una España en pie de guerra pero tendiendo la mano. Esa España ha venido en tren –la que tiene tren–, en autocar o en coche por carreteras dignas de mejorar», aunque el periplo del alcalde de Torrubia, Raimundo Martínez, utilizando una burra a falta de autobús entre Soria y Calatayud también resonó con fuerza.

Ambos periodistas denunciaron que «perdemos población y perdemos oportunidades. Y con eso, retrocedemos todos como país». En nombre de todos los colectivos aseveraron que «no podemos dejar que el medio rural agonice. No lo vamos a permitir». Acto seguido se coreó una de las grandes consignas de esta movilización, reiterada en numerosos carteles: «Que quede claro, ser menos no resta derechos».

Para los políticos de cualquier signo hubo un mensaje muy claro. «Basta ya de descalificaciones. Más medidas concretas. La España vaciada necesita con urgencia un gran pacto de Estado con amplia mayoría parlamentaria. La sociedad civil aquí representada por este centenar de plataformas emplaza a los partidos políticos y a cada uno de los candidatos a que de una vez por todas miren hacia el mundo rural, que ofrezcan soluciones eficaces para luchar contra el desequilibrio territorial de España».

Finalmente, hubo un emocionado recuerdo para un precursor de la defensa de esa España rural y sobria, el fallecido José Antonio Labordeta. «Su grito desgarrado pero también esperanzado resuena hoy en esta plaza y también en nuestros corazones», apuntó Campo Vidal antes de recitar un par de estrofas del Canto a la libertad.

Llegó el final, protagonizado por los bombos y las palmas que devolvieron los latidos simbólicos a esa España vaciada. Hasta la lluvia cesó para unirse al fin de fiesta y principio de revuelta. De forma pacífica (el Samur sólo realizó dos atenciones muy leves) pero tremendamente firme, las provincias de los menos se oyeron como las que más.

http://www.heraldodiariodesoria.es/noticias/soria/manifestacion-historica-soria-ya-teruel-existe-lucha-despoblacion_129605.html

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